Las reformas impositivas de Trump están creando otro paraíso fiscal en Estados Unidos

Cuando Hillary Clinton acusó a Donald Trump de ser un evasor de impuestos en serie durante décadas, respondió sin vacilar: «Eso me hace inteligente». El presidente es característicamente abierto sobre el uso de esquemas agresivos de evasión fiscal. «Luchando como el infierno para pagar lo menos posible», dijo el año pasado. Y su entonces gerente de campaña Corey Lewandowski, confirmó el enfoque de impuestos de su jefe: «Cada deducción posible: lucha por cada dólar».

Este enfoque plantea la perspectiva tentadora de si el presidente de los Estados Unidos ha utilizado sociedades offshore como parte de su imperio empresarial para evitar impuestos. Esto es especialmente significativo a la luz de su reciente proyecto de ley para recortar impuestos. Trump niega el uso de sociedades offshore: «No las uso. Honestamente, creo que son más problemas de los que merecen, muy sobrevalorados».

Sin embargo, no es del todo cierto. En 1994, creó una sociedad offshore en Bermuda, llamada DJ Aerospace Ltd y también transfirió 110 marcas registradas o pendientes de registro a una sociedad holding en Delaware, que los expertos consideran un paraíso fiscal dentro de Estados Unidos.

No obstante, Trump no es el único presidente que disfruta de los beneficios de estar en jurisdicciones offshore. Bill Clinton estuvo cinco años como asesor del fondo de inversión del multimillonario Ron Burkle, Yucaipa Global, que tenía fondos registrados en las Islas Caimán y Dubái. Esa alianza le hizo obtener a Clinton al menos 15 millones de dólares.

Hoy en día, las grandes corporaciones estadounidenses obtienen ganancias récord al registrarse en Bermudas, Islas Caimán e Islas Vírgenes Británicas.

Las Bahamas es la jurisdicción offshore favorita de Trump. En julio de 1987, voló a Nassau en su Boeing 727 privado y se hizo con Resorts International, el primer hotel casino de la isla. El complejo se encuentra en una isla blanca bordeada de arena cerca de la bulliciosa capital de Paradise Island.

Trump tomó la propiedad inmediata de Resorts International, se designó a sí mismo presidente y exigió honorarios equivalentes a todos los ingresos de la compañía en el futuro previsible. Esto ocurrió a pesar de tener una enorme deuda de 700 millones de dólares del problemático casino estadounidense Taj Mahal. Su predilección por los altos precios de la propiedad de la deuda se había manifestado desde el principio. Y cuando Trump vendió Resorts International, obtuvo 68 millones de dólares del acuerdo.

Los comentarios de Trump sobre los paraísos fiscales extranjeros están ocultando una agenda que los Estados Unidos ya han implementado con éxito, convirtiendo a América en el centro offshore más grande del mundo. Estados como Delaware, Nevada y Wyoming actualmente promueven el anonimato y el secreto, junto con impuestos muy bajos a escala global.

El mensaje es claro: «Trae tu dinero desde el extranjero a los Estados Unidos porque ofrecemos una mayor protección y ventajas similares.

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